domingo, 19 de septiembre de 2021

- Pico Gilbo.

 


TRACK DEL RECORRIDO.

Me he dirigido a Riaño, para ascender a una de sus cimas más importantes y también destacadas de la península, como el Pico Gilbo. Conocido con el sobrenombre del cervino Leones, por el parecido que tiene con el cervino de los Alpes suizo-italiano, aunque nada comparable con la piramidal silueta del cervino alpino. Su entorno montañoso, es sin duda, una de las mejores panorámicas que tenemos de la península, en cualquier estación del año, siendo el invierno la más destacable, con todas las montañas nevadas. Esta vez realizaré el ascenso, por su ruta normal, en las inmediaciones de Riaño, en vez de la Sur desde el pueblo de Horcadas, que podéis ver aquí:

 - Ascenso al Gilbo, desde el pueblo de Horcadas.

A primera hora de la mañana, el paisaje queda escondido por su densa niebla. El amplio aparcamiento, a ambos lados de la carretera, se muestra solitario, bajo la frialdad de la mañana. Si, es agosto, pero la montaña cantábrica, siempre te despierta, bien fresco y comienzo mi andadura, por el camino indicado, hacia la cueva de la vieja del monte y mirador de las Biescas. Un amplio camino, entre los pinares, que bordea el perfil del monte y el embalse de Riaño. Llegado a la recula de uno de los brazos del embalse, una senda asciende, hacia el arroyo de Vallarqué, dejando a un lado el camino hacia las Biescas. Esta ruta circular, es indiferente el sentido de su ascenso, lo más habitual es ascenderlo, por el entorno del arroyo y descenderlo, por el hayedo de las Biescas, aunque da igual el origen, que se quiera tomar, para ascenderlo. El arroyo, escaso de agua, en estas fechas, cuya senda se sumerge, entre sus robles y hayas, de buena sombra para estos días veraniegos, es un ascenso agradable. Llegado al collado, donde confluye con la ruta vadiniense, se sigue la senda marcada, que deja a un lado la Peña de Vallarqué, y se une a la senda, que viene del hayedo de las Biescas, para alcanzar la cresta cimera y cambiar de vertiente. La senda no tiene perdida y el ascenso es bastante evidente. 

Embalse de Riaño, desde las inmediaciones del aparcamiento.

Comienzo de la ruta, por el camino de las Biescas.

Entre los pinares y piornales, del medio natural.

Una mirada, hacia el desvío de la senda.

Ascenso por la senda, hacia el arroyo de Vallarqué.

La misma desciende hacia el arroyo, el cual se cruza, para ascender entre la masa forestal.

Una senda amplia y sin perdida alguna.

Entre sus hayedos y algún que otro roble.

Agradable en recorrer.

Bajo el frescor de sus ramas...

Entre la inmensidad de su arboleda.

Llegando al cruce de la senda Vadiniense.

La ruta, sigue en continuo ascenso, hacia la cara sur del Gilbo.

En el collado, del cruce de sendas, de la ruta normal.

Una mirada atrás, la senda de la izquierda hacia los hayedos de las Biescas, y la de la derecha, la que desciende por el arroyo de Vallarqué.

El primer tramo es un ascenso por la diagonal de la cara Norte del pico, por donde se usan de vez en cuando, las manos para progresar. La senda muy marcada, con bastante patio hacia su cara Norte, pero sin dificultad en su progresión, pero por la cual habrá que prestar más atención, al regreso y descender, por lo desgastado del terreno. La senda sigue con bastante pendiente, entre su chimenea amplia, enfilando la cara Norte. Ya en la cima, la panorámica del entorno montañoso leones es increíblemente hermosa, para mí de las mejores, junto a la panorámica que se tiene, desde la cima del pico Susarón, en el embalse del Porma, de la montaña leonesa. Se puede seguir avanzando por su cresta, área por momentos, por donde hay que progresar con cuidado. Después de tumbarme y relajarme en su agradable cima, comienzo el descenso, cruzándome con algun@s montañer@s, y bajando con más cuidado por una senda, bastante pronunciada y con la roca desgastada, hasta llegar al desvío, no señalado, de las dos sendas, que vienen una del hayedo de las Biescas y la otra desde el arroyo de Vallarqué. 

Una mirada atrás, antes de empezar en la diagonal de la cara Norte.

Diagonal de la cara Norte.

En algunos de sus tramos hay que progresar, con las manos.

Mientras se va cogiendo altura, con unas vistas envidiables en el ascenso.

Tramos de chimeneas...

Ascenso final, Norte.

Impagable....

Vistas desde la cima, del pico Gilbo.

Vistas desde la cima del Pico Gilbo, el Peñas Pintas y el muro del embalse de Riaño.

Panorámica de la cima del Pico Gilbo, en algunos mapas la altura está en 1.679 m.

De hecho, se puede descender, hacia el sur, por una senda, señalada hacia el pueblo de Horcadas. Tomo la senda de la izquierda, que me llevará al hayedo, bordeando la Peña de Vallarqué, por la vertiente contraria. El descenso por el interior de su masa forestal, con postes del PR, marcada como canal moro, se adentra en la inmensidad de su hayedo, un paraje natural, que, en otoño, forma una hermosa estampa natural. La senda termina, en el camino que me acerca al mirador de las Biescas, para proseguir a la cueva de la Vieja del monte. Personaje de la mitología leonesa, que ayudaba a los pastores, ganaderos y a cualquiera que se la encontrara, ofreciéndoles, frutas, frutos silvestres y pan entre otros. Su casa cueva, oscura y fría, en cuya entrada, hay un buzón, para que le dejes un mensaje. 

Dejando la cima atrás, tomo la senda de la izquierda hacia el hayedo de las Biescas, al fondo la cima del pico Espiguete.

Peña de Vallarqué.

Hacia el Hayedo de las Biescas.

Por un bosque mágico...

Con postes del PR, guiando el recorrido.

Terminando en el camino de las Biescas.

Vistas desde el mirador.

Mirador de las Biescas.

Desvío a la Cueva de la Vieja del Monte.

Por los alrededores, de la cueva.

Cueva de la Vieja del Monte.

Por su interior.

De regreso, por el camino de las Biescas, al aparcamiento.

El camino de las Biescas, me lleva directo al aparcamiento, desde el cual me acerco a su exitoso columpio panorámico, bastante lleno, pero ideal para hacerse una foto de las grandes vistas, de la montaña de Riaño.

La Jeidi Leonesa de Riaño.

Panorámica de la montaña de Riaño.

Y eso es todo amig@s....



miércoles, 15 de septiembre de 2021

- Cascadas de Oneta.

 

Track del recorrido.

Info de la ruta.

Panel informativo del entorno.

Nos subimos a Asturias, por donde realice un par de rutas, una de ellas incompleta y que de momento no mencionaré en el blog. Sin embargo, esta ruta que os comentaré, cuna de mis raíces astures, es una de esas rutas, que todo astur, tiene que realizar por lo menos una vez en su vida. Y como no, me lleve a unos sobrinos a ver a unos familiares, y de paso a acercarnos a esta preciosa ruta asturiana. Antes, pasamos la mañana, por una de mis playas preferidas astures, y en la que tanto me bañe, las semanas que pasaba en Asturias, como Tapia de Casariego, una muy buena playa y por donde se come, uff como se come, no digo naaa, como buen Astur. La ruta ha crecido de manera exponencial estos últimos años, donde se ha tenido que realizar un aparcamiento más grande, ante la influencia, de personas que quieren conocer su entorno natural. Oneta, perteneciente al concejo de Villayón, un pueblo casi desapercibido, hasta en los mapas de hace varios años. Un pueblo ganadero y agricultor, de los de siempre, en decremento estos últimos años, a favor del desarrollo industrial de Navia, con su biofábrica y astilleros. Una ruta acondicionada hace unos años, y bien diseñada, en un entorno de ribera astur, cargada de vegetación y agradable para la vista y los sentidos. Comenzamos desde el aparcamiento, hacia los campos de maíz del pueblo, por amplio camino, con una buena panorámica del amplio valle. Un descenso, hacia el río Oneta, para adentrarnos en el encajonamiento rocoso erosionado durante milenios por el río. Geológicamente, destaca los sustratos pizarrosos, conocidos como las pizarras de Luarca. El camino, se difumina en una senda, que se introduce por el ecosistema de ribera del río, donde la humedad anual, hacen del medio, el lugar ideal para las diferentes especies de líquenes y arboleda. A lo largo del recorrido, visitaremos, dos molinos rehabilitados y abiertos, para ver su interior. Empezamos a sumergirnos, entre el colorido de diferentes tonalidades verdosas, que forman sus castaños, alisos, fresnos, laureles, entre la frondosidad de sus helechos y musgos. Nos encontramos con el primero de los molinos, el Molín d´abaxo, de rodezno, visitable, destacando todos los elementos necesarios para moler el grano. Acercándonos a la primera de las cascadas, conocida como La Firbia, un salto de casi 20 m, en un paraje de gran belleza. Dejamos la cascada, para seguir por la senda, paralela al rio. Un río, lleno de vía acuática, anfibios, salamandras, de truchas, anguilas, el mirlo acuático, de lavanderas y la esquiva nutria. 

Nuestras vistas al empezar la ruta.

Siguiendo el camino, que descenderá a la profundidad del valle.

En busca del río Oneta.

Por donde pronto la vegetación nos empezará a envolver.

Un claro en las praderas.

Descendiendo al río.

Donde se vislumbra la cascada.

La cascada La Firbia.

Cascada de la Firbia.
.
Entre la profundidad de su ribera.

Molín d´abaxo.

Junto al manto verde del río.

Los molinos son visitables, para ver su interior.

Historia de sus molinos.

Funcionamiento de un molino.

Seguimos nuestra ruta, hacia la siguiente de las cascadas, la de Ulloa, por su sendero guiado. Un tramo, curioso, al seguir su antiguo canal de agua, hacia el siguiente molino. Saliendo de la canal, se llega al Molín de Ulloa, descendiendo por la senda, que nos lleva a la cascada de Ulloa. Un descenso más brusco, hacia la misma, e igual de imponente y hermosa que la Firbia, en un entorno selvático increíble. Hay una tercera cascada, más pequeña, por estrecha senda difuminada y casi impracticable, sin guiar, a la cascada de la Maseirúa. 

Entono natural, por donde se desarrolla la ruta.

En las aguas del río Oneta.

Seguimos a la siguiente cascada, por el antiguo canal de agua.

Canal de agua.

Vistas hacia uno de sus saltos de agua.

Por el interior de su canal.

Segundo de los molinos.

Descenso a la siguiente cascada.

Mis sobris, bajando por una pendiente más pronunciada.

Entre la inmensidad de su masa forestal.

Para llegar de nuevo al río, con varios saltos en su recorrido.

Cuya senda estrecha, nos acerca a la siguiente cascada.

Entre las raíces y esquivando troncos.

Cascada de Ulloa.

En un ecosistema envidiable.

Selvático por momentos.

Entre sus bosques de ribera astur.

Con vistas hacia el río.

El retorno es lineal, y al regreso, nos adentramos a recorrer el pueblo, entre sus casas de tejado pizarroso y sus hórreos astures.

Una mirada atrás antes de salir a los campos de Oneta.

De grandes maizales.

Oneta.

Recorriendo el pueblo.