viernes, 27 de marzo de 2026

- La Maliciosa por las clavijas y la Cuerda de los Porrones.

 


Track.

Esta ruta, la realice hace 5 años, y no la publique, hasta recuperar las fotos de ese momento. Es un recorrido más exigente, de las rutas habituales de ascenso a la cima de la Maliciosa. Una cima, en la que estado en numerosas ocasiones, en todas las épocas estivales, y cuyo recorrido propuesto, abarca la cuerda de los Porrones, pasando por cimas secundarias y collados.

Un par de rutas:

- La Maliciosa por Quebrantaherraduras.

- La Ruta del agua de Becerril.

Y allí, en el corazón de la Sierra de Guadarrama, donde la llanura madrileña se eleva lentamente hacia el cielo, se alza majestuosa La Maliciosa, una montaña que, con sus 2.227 metros de altitud, no solo define el paisaje, sino también la identidad natural de toda una región.

Su nombre, envuelto en cierta aura legendaria, parece aludir a su carácter impredecible, a sus cambios súbitos del clima y a la dureza de sus pendientes. Sin embargo, más allá de su aparente severidad. Esa montaña que denomina el horizonte, es un viaje entre la roca, el cielo y la vida.

El itinerario que parte desde Mataelpino, no es simplemente una ruta de montaña; es un tránsito gradual entre mundos distintos, una experiencia en la que cada paso revela un nuevo rostro de la naturaleza. Iniciamos su ascenso entre senderos suaves, donde la presencia humana aún se percibe cercana, hasta alcanzar la discreta y serena Ermita de San Isidro, lugar de reposo y contemplación.

Inicio de la ruta.

Tramo Matalpino a la Ermita de San Isidro.

Tramo Matalpino a la Ermita de San Isidro.

Tramo Matalpino a la Ermita de San Isidro.

Tramo Matalpino a la Ermita de San Isidro.

Ermita de San Isidro.

A medida que se gana altura, el paisaje comienza a transformarse. La senda se adentra en la Cuerda de los Porrones, un territorio donde la roca granítica emerge con fuerza, moldeada por el tiempo en formas caprichosas que evocan figuras casi escultóricas.

Unas rocas, que parecen cerrarnos el paso, donde las cabras montesas nos observan desde lo alto, mientras ascendemos entre clavijas de hierro, sorteando el roquedo, que nos abre la puerta a la propia cuerda. Su clima, típicamente mediterráneo de montaña, se manifiesta con una intensidad que sorprende incluso al visitante experimentado. En invierno, la nieve cubre sus laderas, transformándolas en un paisaje silencioso y casi inhóspito, donde el frío se impone con rigor. La primavera trae consigo la inestabilidad: lluvias, nieblas y cielos cambiantes que dotan al entorno de un dinamismo constante.

El verano, aunque más benigno, no está exento de sorpresas, pues las tormentas pueden surgir con rapidez, recordando la fuerza de la naturaleza. El otoño, por su parte, envuelve la montaña en una atmósfera melancólica, de colores apagados y aire fresco.

Tramo de ascenso a las Clavijas, Cuerda de los Porrones.

Tramo de ascenso a las Clavijas, Cuerda de los Porrones.


Las Clavijas.

Las Clavijas.

Entrando a la Cuerda de los Porrones.

Cuerda de los Porrones.

Vistas a la Pedriza, destacando la mole granítica del Yelmo.

En las cotas más altas, el viento sopla con intensidad, esculpiendo no solo el paisaje, sino también las formas de vida que logran adaptarse a estas condiciones extremas. En las zonas más bajas, los robledales y encinares configuran un paisaje denso y acogedor, donde la biodiversidad es abundante. Más arriba, el pino silvestre se convierte en el gran protagonista, formando extensos bosques que cubren las laderas con su verde profundo. Sin embargo, a medida que la altitud aumenta, los árboles comienzan a desaparecer, cediendo el paso a matorrales resistentes como el piorno, el brezo o el enebro rastrero. Estas plantas, adaptadas al frío, al viento y a la escasez de suelo, representan la lucha constante por la supervivencia en condiciones adversas.

La senda muy marcada, nos adentra por la cuerda de Porrones, con algún que otro hito de piedra, que guía nuestro caminar a las altas cimas, cruzando numerosos collados, como el de Valdehalcones, el de las Loberas, el de los Vaqueros, el Porrón, el de las Vacas, y cimas como Peña Blanca, el Cancho de las Porras, el Cancho Porrón, la Maliciosa Baja y la reina de sus cimas, la Maliciosa. Un corte transversal, que separa la Umbría de la Garganta de las laderas de Matalpino.

Una cumbre, donde la vida vegetal se vuelve escasa, casi simbólica, como si la montaña reclamara ese espacio para sí misma., ahora regada con algunos neveros de su pasado invierno. A pesar de la aparente dureza del entorno, La Maliciosa alberga una fauna rica y variada, aunque muchas veces invisible a los ojos.

La cabra montesa, ágil y segura, se desplaza por las rocas con una facilidad asombrosa, desafiando la gravedad. En los rincones más tranquilos habitan pequeños mamíferos y reptiles, perfectamente adaptados al medio. Pero es en el cielo donde la vida se manifiesta con mayor intensidad.

Soberanas del aire, sobre las cumbres y los cortados rocosos, las aves rapaces dominan el paisaje. El vuelo majestuoso del águila imperial ibérica o la imponente presencia del buitre negro confieren a la montaña una dimensión casi épica. Junto a ellas, otras especies como la chova piquirroja o el roquero rojo aportan dinamismo y color a los roquedos. Estas aves no solo embellecen el entorno, sino que actúan como indicadores de la salud del ecosistema, reflejando el equilibrio que aún se conserva en este espacio natural.

Su geología es un retrato de la misma memoria de la tierra. Bajo la aparente quietud de La Maliciosa se esconde una historia que se remonta a cientos de millones de años. Sus rocas graníticas, formadas en el interior de la Tierra y elevadas posteriormente por fuerzas tectónicas, constituyen un testimonio del pasado geológico del planeta. La acción del hielo, el viento y el agua ha modelado estas rocas, dando lugar a formas singulares: bloques redondeados, crestas afiladas y conjuntos rocosos que parecen desafiar el equilibrio. Cada piedra, cada grieta, cada relieve es una página de esa historia escrita a lo largo del tiempo.

Cuerda de los Porrones a la Maliciosa.

Cuerda de los Porrones a la Maliciosa.

Cuerda de los Porrones a la Maliciosa.

Cuerda de los Porrones a la Maliciosa.

Cuerda de los Porrones a la Maliciosa.

Cuerda de los Porrones a la Maliciosa.

Maliciosa Baja, vistas a la Maliciosa.

Ya hace fresquito...

Hacia la cima.

Cima de la Maliciosa 2.227 m.

Vistas hacia el Sur, desde la cumbre.

Desde su cima, la vista se extiende hacia el horizonte, abarcando tanto la inmensidad de la sierra como la lejanía de la ciudad. Es un lugar donde el ser humano toma conciencia de su pequeñez y, al mismo tiempo, de su conexión con la naturaleza. Al sur los pueblos serranos madrileños, como Manzanares el Real, Matalpino, el Boalo…Al Norte, La Cuerda Larga, destacando el cohete emblemático de la Bola del Mundo, los Cabezas de Hierro, un relax panorámico si el viento amaina.

Descendemos de manera mas brusca, entre su vegetación de monte bajo y su roquedo, hacia la garganta del arroyo de la gargantilla. Por una pequeña senda, guiada con hitos y paralela al arroyo, aportando frescura y vida a un entorno cada vez más austero. Finalmente, tras superar la dureza del terreno, llegamos a la Ciudad de los Muchachos y a Matalpino, origen y final de esta ruta.

Empezamos el descenso.

Allí donde nace el arroyo de la Gargantilla.

Un relax momentáneo..

Tramo de descenso a Matalpino.

El Arroyo de la Gargantilla.

Tramo de descenso a Matalpino.

Una pequeña represa.

Por el entorno de Matalpino.

Conclusión:

“La Maliciosa no es solo una montaña que se asciende, sino un paisaje que se descubre, una historia que se recorre y un silencio que, en lo más alto, parece hablar.”








































lunes, 23 de marzo de 2026

- El Boquerón de Estena, Miradores y la Ermita de la Antigua.

 



Track.

Cartel de la ruta.


Retorno mi actividad montañera, con nuevos proyectos en mente. Y esta salida, me acerca al corazón del Parque Nacional de Cabañeros, uno de los ecosistemas mejor conservados de la península ibérica, que se abre paso, a un enclave de extraordinaria belleza y relevancia científica: el Boquerón del Estena.

Este paraje natural no solo cautiva por su espectacularidad paisajística, sino que constituye un auténtico archivo geológico que permite al visitante adentrarse en los orígenes más remotos de nuestro planeta, un viaje natural a la historia de la tierra. El Boquerón del Estena se sitúa en el término municipal de Navas de Estena, en la provincia de Ciudad Real. Se trata de un desfiladero labrado por el río Estena, cuyas aguas han esculpido durante millones de años un paisaje de abruptas paredes rocosas y frondosa vegetación de ribera. 

El área presenta un clima mediterráneo continentalizado, caracterizado por veranos secos y calurosos e inviernos fríos. No obstante, el encajonamiento del río y la orientación del valle generan un microclima singular, más húmedo y fresco, que favorece la existencia de especies vegetales propias de latitudes más septentrionales. Esta singularidad convierte al Boquerón en un verdadero refugio ecológico. 

Hacía, no muchos años, que estuve recorriendo esta senda temática, con la peculiaridad de rasgar una parte de su pasado marino, debido al desbordamiento del río Estena y de la desaparición del puente que lo cruzaba. Un puente nuevo y mas alto, salva de nuevo las aguas del río, para poder acercarme a contemplar sus fósiles inertes en las rocas. 

- Rutas por el Entorno:

- Mi primer acercamiento al Boquerón de Estena.

- La Necrópolis de Malamoneda.

Las Navas de Estena, pueblo rural y con el encanto de los pueblos tradicionales de los montes de Toledo, de origen medieval, esta ligado al aprovechamiento de los recursos naturales de su entorno. Sus fiestas locales, romerías mantienen viva, la memoria colectiva de sus costumbres ancestrales. También te encontraras, con un mirador estelar, ideal para ver las estrellas. La dirección a la ruta del Boquerón de Estena, esta señalizada, para llegar a una zona descampada habilitada como aparcamiento. Se puede continuar por la pista, hasta otro pequeño aparcamiento techado, donde da comienzo la ruta.

Mirador Estelar.

Mirador Estelar.

Mirador Estelar.

La primera parte por la pista, va paralela al arroyo del chorrillo, por un tramo ancho de corto recorrido, para llegar al inicio de la ruta. Nos adentramos al Parque Nacional de Cabañeros, con una cartelería algo deteriorada, al principio. Hay una pista ascendente, que lleva a los miradores y a la Ermita de Nuestra señora de la Antigua, que realizaremos para el final, ampliando la distancia del recorrido. Un recorrido, medio llano por camino y senda, para descubrir su antiguo pasado marino, de poco más de 6 km. Casi 8 Km, con el tramo de la Ermita.

Zona de Aparcamiento.

Caminando por la pista, hasta el inicio de la ruta.

Caminando por la pista, hasta el inicio de la ruta.


Comienzo de la ruta de El Boquerón de Estena.

Desde su inicio, se cruza por un pequeño puente de madera el arroyo del chorrillo, para seguir por camino en dirección al rio y valle del Estena. Un trazado, bien guiado, con puntos de interés y carteles ilustrativos, para adentrarse en las costumbres rurales, la vegetación y la geología del valle.

 

Se cruza un pequeño puente el arroyo.

Y comenzar la ruta del Boquerón de Estena.

La vegetación del entorno combina el bosque mediterráneo clásico con comunidades propias de ribera. Predominan encinas, alcornoques y jaras, pero lo verdaderamente notable es la presencia de especies relictas como tejos, acebos o abedules, supervivientes de épocas climáticas más húmedas. Este mosaico vegetal constituye un ejemplo excepcional de biodiversidad y adaptación ecológica. La riqueza faunística del Boquerón del Estena es igualmente destacable. Entre los mamíferos sobresalen el ciervo, el jabalí y la esquiva nutria, indicador de la buena calidad de las aguas.

El cielo está dominado por majestuosas aves rapaces, como el buitre negro o el águila real, que encuentran en este entorno un hábitat idóneo para su supervivencia. Asimismo, especies más sensibles como la cigüeña negra refuerzan el valor ecológico del enclave. En el medio acuático, el río Estena alberga peces autóctonos y una variada comunidad de invertebrados, esenciales para el equilibrio del ecosistema. 

Al llegar al encajonamiento de su valle y del río Estena, al paso casi como una entrada, descubrimos las agujas rocosas de las Torres de Estena, y al poco el Risco Tirapanes. Es interesante, su cartelería ilustrativa, que profundiza y te sumerge en la vida rural, sobre los antiguos oficios.

 

Ruta del Boquerón de Estena.


Ruta del Boquerón de Estena.

Hay una pequeña fuente de agua, a la vera del camino, por la que se transita de manera relajada, descubriendo sus antiguas rocas, el río Estena, un río que cruzaremos por un puente, para adentrarnos por la vertiente contraria y seguir descubriendo su belleza geológica.

Una pequeña fuente.

Ruta del Boquerón de Estena.

Descenso al Puente.

Vistas al río Estena.

El Puente.

Nada más cruzar, el recorrido continua por una senda, entre rocas y raíces, que salva la orilla del río y que prosigue nuevamente por camino. Nuevos puntos de interés geológicos te acercan a escudriñar sus rocas, paneles ilustrativos sobre la vegetación del entorno y cuyo caminar, nos acerca a la joya de su ruta.

Ruta del Boquerón de Estena.

Ruta del Boquerón de Estena.

Panel Informativo.

Ruta del Boquerón de Estena.

Ruta del Boquerón de Estena.

Ruta del Boquerón de Estena.

Ruta del Boquerón de Estena.

Uno de los aspectos más fascinantes del Boquerón del Estena es su extraordinario valor geológico. Las rocas que conforman el desfiladero, principalmente cuarcitas y pizarras, se originaron hace más de 450 millones de años, cuando esta región se encontraba sumergida bajo un antiguo mar. Hay varias balizas, enumeradas, como puntos de interés, sobre todo de su pasado marino, fijándote bien, descubrirás algunos de sus fósiles, desde anémonas, moluscos, las trazas de los gusanos mas grandes del mundo, etc. 

Los fósiles hallados entre ellos trilobites y rastros de actividad biológica marina— permiten reconstruir con precisión aquel remoto pasado. Por ello, el enclave está considerado un lugar de interés geológico de relevancia internacional.

Las galerías de gusanos marcadas en la roca. Paleoficus Tubularis, rastros icnitas y las huellas de las galerías de los gusanos.

Panel Informativo sobre los Fósiles.

Laja de roca, donde se ve la huella de las Madrigueras de Gusanos.

Vistazo general.

Ruta del Boquerón de Estena.

Otro punto de interés con fósiles.

Mas adelante la roca muestra las cicatrices de las rizaduras, reflejos de las olas fosilizadas en las rocas, de una antigua playa. La ruta termina al pie de una señalización, ideal para tomarse algo y regresar por la misma ruta.

Punto de Interés 6, las marcas del oleaje en la piedra.

Las marcas del oleaje en la piedra.


Final de la ruta.

Vistas al río Estena.

Desandamos la ruta, hasta el inicio de la misma, para ascender a los miradores y a la Ermita, por una pendiente prolongada, ascendiendo poco mas de 100 m de desnivel +. Merece la pena acercarse, para tener una perspectiva área del entorno natural, entre sus dos miradores, así como su pequeña ermita.

Al retornar, nos paramos a contemplar los fósiles de moluscos en la roca, Punto de Interés 3.

Las Torres de Estena.

Ascenso a la Ermita de la Virgen de la Antigua.

Ascenso a la Ermita de la Virgen de la Antigua.

Ascenso a la Ermita de la Virgen de la Antigua.

Mirador I.

 Ermita de la Virgen de la Antigua.


Esta ruta, ofrece al visitante un recorrido accesible y didáctico a través del desfiladero. A lo largo del trayecto, es posible observar tanto los elementos geológicos como la riqueza biológica del entorno, convirtiendo la visita en una experiencia tanto estética como educativa.

 

Retornamos al aparcamiento, para retroceder de nuevo al pueblo y seguir por carretera, al área recreativa del acebo y las fuentes, donde nos quedaríamos comiendo, en una de sus mesas de madera, en un paraje de esparcimiento y relax, con carteles ilustrativos igual de interesantes.

Área Recreativa del Acebo y las Fuentes.

Área Recreativa del Acebo y las Fuentes.

Pasarela peatonal, Área Recreativa del Acebo y las Fuentes.

Área Recreativa del Acebo y las Fuentes.


Área Recreativa del Acebo y las Fuentes.

Conclusión: 

El Boquerón del Estena no es únicamente un espacio natural de gran belleza; es, ante todo, un testimonio vivo de la historia de la Tierra y un ejemplo de equilibrio ecológico. Su estudio y conservación resultan fundamentales para comprender nuestro pasado y preservar la riqueza natural para las generaciones futuras.

* Video de la Actividad:

- El Boquerón de Estena.