lunes, 23 de marzo de 2026

- El Boquerón de Estena, Miradores y la Ermita de la Antigua.

 



Track.

Cartel de la ruta.


Retorno mi actividad montañera, con nuevos proyectos en mente. Y esta salida, me acerca al corazón del Parque Nacional de Cabañeros, uno de los ecosistemas mejor conservados de la península ibérica, que se abre paso, a un enclave de extraordinaria belleza y relevancia científica: el Boquerón del Estena.

Este paraje natural no solo cautiva por su espectacularidad paisajística, sino que constituye un auténtico archivo geológico que permite al visitante adentrarse en los orígenes más remotos de nuestro planeta, un viaje natural a la historia de la tierra. El Boquerón del Estena se sitúa en el término municipal de Navas de Estena, en la provincia de Ciudad Real. Se trata de un desfiladero labrado por el río Estena, cuyas aguas han esculpido durante millones de años un paisaje de abruptas paredes rocosas y frondosa vegetación de ribera. 

El área presenta un clima mediterráneo continentalizado, caracterizado por veranos secos y calurosos e inviernos fríos. No obstante, el encajonamiento del río y la orientación del valle generan un microclima singular, más húmedo y fresco, que favorece la existencia de especies vegetales propias de latitudes más septentrionales. Esta singularidad convierte al Boquerón en un verdadero refugio ecológico. 

Hacía, no muchos años, que estuve recorriendo esta senda temática, con la peculiaridad de rasgar una parte de su pasado marino, debido al desbordamiento del río Estena y de la desaparición del puente que lo cruzaba. Un puente nuevo y mas alto, salva de nuevo las aguas del río, para poder acercarme a contemplar sus fósiles inertes en las rocas. 

- Rutas por el Entorno:

- Mi primer acercamiento al Boquerón de Estena.

- La Necrópolis de Malamoneda.

Las Navas de Estena, pueblo rural y con el encanto de los pueblos tradicionales de los montes de Toledo, de origen medieval, esta ligado al aprovechamiento de los recursos naturales de su entorno. Sus fiestas locales, romerías mantienen viva, la memoria colectiva de sus costumbres ancestrales. También te encontraras, con un mirador estelar, ideal para ver las estrellas. La dirección a la ruta del Boquerón de Estena, esta señalizada, para llegar a una zona descampada habilitada como aparcamiento. Se puede continuar por la pista, hasta otro pequeño aparcamiento techado, donde da comienzo la ruta.

Mirador Estelar.

Mirador Estelar.

Mirador Estelar.

La primera parte por la pista, va paralela al arroyo del chorrillo, por un tramo ancho de corto recorrido, para llegar al inicio de la ruta. Nos adentramos al Parque Nacional de Cabañeros, con una cartelería algo deteriorada, al principio. Hay una pista ascendente, que lleva a los miradores y a la Ermita de Nuestra señora de la Antigua, que realizaremos para el final, ampliando la distancia del recorrido. Un recorrido, medio llano por camino y senda, para descubrir su antiguo pasado marino, de poco más de 6 km. Casi 8 Km, con el tramo de la Ermita.

Zona de Aparcamiento.

Caminando por la pista, hasta el inicio de la ruta.

Caminando por la pista, hasta el inicio de la ruta.


Comienzo de la ruta de El Boquerón de Estena.

Desde su inicio, se cruza por un pequeño puente de madera el arroyo del chorrillo, para seguir por camino en dirección al rio y valle del Estena. Un trazado, bien guiado, con puntos de interés y carteles ilustrativos, para adentrarse en las costumbres rurales, la vegetación y la geología del valle.

 

Se cruza un pequeño puente el arroyo.

Y comenzar la ruta del Boquerón de Estena.

La vegetación del entorno combina el bosque mediterráneo clásico con comunidades propias de ribera. Predominan encinas, alcornoques y jaras, pero lo verdaderamente notable es la presencia de especies relictas como tejos, acebos o abedules, supervivientes de épocas climáticas más húmedas. Este mosaico vegetal constituye un ejemplo excepcional de biodiversidad y adaptación ecológica. La riqueza faunística del Boquerón del Estena es igualmente destacable. Entre los mamíferos sobresalen el ciervo, el jabalí y la esquiva nutria, indicador de la buena calidad de las aguas.

El cielo está dominado por majestuosas aves rapaces, como el buitre negro o el águila real, que encuentran en este entorno un hábitat idóneo para su supervivencia. Asimismo, especies más sensibles como la cigüeña negra refuerzan el valor ecológico del enclave. En el medio acuático, el río Estena alberga peces autóctonos y una variada comunidad de invertebrados, esenciales para el equilibrio del ecosistema. 

Al llegar al encajonamiento de su valle y del río Estena, al paso casi como una entrada, descubrimos las agujas rocosas de las Torres de Estena, y al poco el Risco Tirapanes. Es interesante, su cartelería ilustrativa, que profundiza y te sumerge en la vida rural, sobre los antiguos oficios.

 

Ruta del Boquerón de Estena.


Ruta del Boquerón de Estena.

Hay una pequeña fuente de agua, a la vera del camino, por la que se transita de manera relajada, descubriendo sus antiguas rocas, el río Estena, un río que cruzaremos por un puente, para adentrarnos por la vertiente contraria y seguir descubriendo su belleza geológica.

Una pequeña fuente.

Ruta del Boquerón de Estena.

Descenso al Puente.

Vistas al río Estena.

El Puente.

Nada más cruzar, el recorrido continua por una senda, entre rocas y raíces, que salva la orilla del río y que prosigue nuevamente por camino. Nuevos puntos de interés geológicos te acercan a escudriñar sus rocas, paneles ilustrativos sobre la vegetación del entorno y cuyo caminar, nos acerca a la joya de su ruta.

Ruta del Boquerón de Estena.

Ruta del Boquerón de Estena.

Panel Informativo.

Ruta del Boquerón de Estena.

Ruta del Boquerón de Estena.

Ruta del Boquerón de Estena.

Ruta del Boquerón de Estena.

Uno de los aspectos más fascinantes del Boquerón del Estena es su extraordinario valor geológico. Las rocas que conforman el desfiladero, principalmente cuarcitas y pizarras, se originaron hace más de 450 millones de años, cuando esta región se encontraba sumergida bajo un antiguo mar. Hay varias balizas, enumeradas, como puntos de interés, sobre todo de su pasado marino, fijándote bien, descubrirás algunos de sus fósiles, desde anémonas, moluscos, las trazas de los gusanos mas grandes del mundo, etc. 

Los fósiles hallados entre ellos trilobites y rastros de actividad biológica marina— permiten reconstruir con precisión aquel remoto pasado. Por ello, el enclave está considerado un lugar de interés geológico de relevancia internacional.

Las galerías de gusanos marcadas en la roca. Paleoficus Tubularis, rastros icnitas y las huellas de las galerías de los gusanos.

Panel Informativo sobre los Fósiles.

Laja de roca, donde se ve la huella de las Madrigueras de Gusanos.

Vistazo general.

Ruta del Boquerón de Estena.

Otro punto de interés con fósiles.

Mas adelante la roca muestra las cicatrices de las rizaduras, reflejos de las olas fosilizadas en las rocas, de una antigua playa. La ruta termina al pie de una señalización, ideal para tomarse algo y regresar por la misma ruta.

Punto de Interés 6, las marcas del oleaje en la piedra.

Las marcas del oleaje en la piedra.


Final de la ruta.

Vistas al río Estena.

Desandamos la ruta, hasta el inicio de la misma, para ascender a los miradores y a la Ermita, por una pendiente prolongada, ascendiendo poco mas de 100 m de desnivel +. Merece la pena acercarse, para tener una perspectiva área del entorno natural, entre sus dos miradores, así como su pequeña ermita.

Al retornar, nos paramos a contemplar los fósiles de moluscos en la roca, Punto de Interés 3.

Las Torres de Estena.

Ascenso a la Ermita de la Virgen de la Antigua.

Ascenso a la Ermita de la Virgen de la Antigua.

Ascenso a la Ermita de la Virgen de la Antigua.

Mirador I.

 Ermita de la Virgen de la Antigua.


Esta ruta, ofrece al visitante un recorrido accesible y didáctico a través del desfiladero. A lo largo del trayecto, es posible observar tanto los elementos geológicos como la riqueza biológica del entorno, convirtiendo la visita en una experiencia tanto estética como educativa.

 

Retornamos al aparcamiento, para retroceder de nuevo al pueblo y seguir por carretera, al área recreativa del acebo y las fuentes, donde nos quedaríamos comiendo, en una de sus mesas de madera, en un paraje de esparcimiento y relax, con carteles ilustrativos igual de interesantes.

Área Recreativa del Acebo y las Fuentes.

Área Recreativa del Acebo y las Fuentes.

Pasarela peatonal, Área Recreativa del Acebo y las Fuentes.

Área Recreativa del Acebo y las Fuentes.


Área Recreativa del Acebo y las Fuentes.

Conclusión: 

El Boquerón del Estena no es únicamente un espacio natural de gran belleza; es, ante todo, un testimonio vivo de la historia de la Tierra y un ejemplo de equilibrio ecológico. Su estudio y conservación resultan fundamentales para comprender nuestro pasado y preservar la riqueza natural para las generaciones futuras.

* Video de la Actividad:

- El Boquerón de Estena.

 



martes, 25 de noviembre de 2025

- El Otoño por la Senda fluvial del río Manzanares.

 


Track del recorrido.

Info y punto de interés del recorrido.

La recuperación del río.

Hola amigos/as, me encuentro en las cercanías del complejo deportivo Somontes, por la carretera M-605 que se dirige al pueblo del Pardo.

La ruta que llevaré a cabo, y que ya realicé, hace pocos años y también en otoño, es la senda fluvial del río Manzanares. Es una de esas rutas, para relajarse e internarse por una ribera y paisaje, increíble en estas fechas e imprescindible de conocer de la Comunidad de Madrid, además es asequible para tod@s y niñ@s.

Hay lugares que parecen soñados por la tierra antes de ser dibujados por la mano del hombre, y esta senda, entre Somontes y el Pardo, es uno de esos lugares. La Senda fluvial del Manzanares, es un corredor por donde el río avanza y serpentea, como quien no quiere despertar a los árboles, y en cada tramo de su ruta, parece guardar los secretos reales acaecidos durante siglos.

El rio que recuerda, porque caminar por sus sendas y caminos, es entrar en una conversación antigua entre el agua y el bosque, entre sus aves y su fauna, cuyo dialogo se ha ido tejiendo con la paciencia que solo los ríos, los vientos y las piedras tienen.

Este rincón de Madrid, la luminosidad escribe, en su propio idioma, su otoño enciende las hojas con tonos de cobre, para dar paso al invierno, que condensa la claridad, con un frío que parece afilar el aire. Un clima, en constante pulso con el paisaje, hilo conductor que une amaneceres suaves con atardeceres, que arden como brasas cansadas, a la vera de la respiración del monte.

Su senda, cuya tierra contiene el tiempo, despierta los sentidos, a estas horas tempranas y frías. Hace 3 grados bajo cero, por donde la hierba intenta abrirse camino, entre la escarcha helada. El recorrido no tiene perdida alguna, es un ascenso suave por senda o camino, paralelos al río, remontando su curso de aguas, hacia el embalse del Pardo.

Hay varios carteles ilustrativos, que te hablan, aunque no los oigas, de su ribera, aves, peces, fauna, geología, sus aguas y su restauración, que bien merece leer y escuchar sus palabras, no vacías, mas bien enriquecedoras, que te enseñan a observar, a escuchar, la vida que hay por su ribera.

Su geología, es la columna vertebral de su paisaje, de granitos desmenuzados, arenas rojizas, conglomerados que aun guardan el rumor de sus montañas lejanas, un cuerpo pétreo que sostiene encinares, barrancos y terrazas de río. Rincones, de heridas profundas, que el agua se empeña en pulir la erosión, que fue escrita con una caligrafía lenta a lo largo del tiempo.

Un gran puente, me salta a la mirada, que rompe el silencio del paisaje, cuando lo cruza alguno de los trenes de cercanías, en cuyos arcos de piedra la voz resuena con fuerza.

En las cercanías del aparcamiento, el rumor del agua, me acerca a contemplarlo.

Senda fluvial del río Manzanares.

La bruma del río...

Diferentes caminos, pero todos fluyen en la misma dirección.

Con bancos para ver y oír su naturaleza.

Tramos restaurados para recuperar la belleza de su paisaje.

Increíble ahora en Otoño.

De gran atractivo visual.

Un cartel, a su lado, marca la senda fluvial, que te acerca al río, a conocer su ribera o proseguir por el camino principal, donde el paisaje se muestra desde otra perspectiva.

Esta pequeña senda, que recorre un corto tramo de la ribera, te muestra un ecosistema de gran valor ecológico, entre zarzales, hinojos, juncos, eneas, eclipsados por la belleza otoñal de álamos, sauces - a los que les siguen más apartados los olmos, abedules, fresnos, el Acer – Hay arbustos aromáticos y de matorral mediterráneo, desde el torvisco, la retama blanca, la jara pringosa, la lavanda y los bosques que pueblan el monte del pardo, de encinas, alcornoques, enebros…

Se dan encinares y olmedas centenarias, y de gran porte. Sus cristalinas aguas, dan cobijo, alimento y refugio a numerosas especies, algunas reintroducidas y vulnerables, como el Cacho, la Colmilleja, la Bermejuela, la Boga, algunas especies no autóctonas, como el Lucio, el pez Gato y las autóctonas como el Barbo común y el Gobio. Un habitad ideal, para la infinidad de aves, que se dan por la ribera y el monte del pardo, destacando como aves acuáticas y de ribera, a las ánades, garzas, gallinetas, el martín pescador, en un vecindario de melodías sin igual, junto a petirrojos, jilgueros, gorriones, mirlos, carboneros por el arbolado que circunda al río y mas urbano. Sus cielos, pertenecen a las reinas del ecosistema, como el águila imperial, el milano real, el buitre negro y el leonado, el busardo ratonero.  

La pequeña senda que nos ha enseñado, a contemplar brevemente su rica ribera, nos une de nuevo al camino principal, que nos acerca al exterior del núcleo urbano del pueblo del Pardo.

Un pueblo pequeño pero grande en historia, lugar de relax y disfrute durante siglos, de la realeza, donde el monte fue coto real desde la edad media. En el siglo XVIII, se construyo un muro de ladrillo, para evitar que los animales escaparan del monte. Un pueblo, turístico que ofrece a sus visitantes numerosas obras arquitectónicas, destacando el Palacio del Pardo, la Casita del Príncipe, el Palacio de la Quinta del duque de Arco, el convento de las monjas, el cristo de el Pardo, la sala histórica de la guardia real.

El Palacio fue residencia de reyes, también lo fue de Franco y de los jefes de estado extranjeros en sus visitas oficiales.  En la elaboración de algunos tapices del palacio, el gran pintor Francisco de Goya estuvo alojado en la antigua casa de postas. La sala histórica de la guardia real, es un museo que te acerca a conocer la vida, actividad de la guardia real desde que se fundara en 1.504, desde uniformes, vehículos, etc. Perderse por el pueblo, es recorrer un pedacito de nuestra historia y también descubrir su riqueza gastronómica.

La senda, nos vuelve a acercar a su rica ribera, para proseguir entre sus chopos hasta el puente de los Capuchinos, cuya senda nos asciende nuevamente al núcleo urbano.

El puente fue diseñado por Francesco Sabatini, a finales del siglo XVIII. Una estructura que en los años sesenta del siglo XX, se derrumbo parcialmente por una fuerte riada. El puente fue demolido y se construyo uno nuevo, mas ancho, manteniendo el estilo que Sabatini realizo con el puente original.

Su pequeña senda fluvial.

Y sus caminos principales.

Que te acercan a la majestuosidad de la ribera del río.

Camino principal de la ruta de la Senda fluvial del río Manzanares.

Pasarela, que desciende del pueblo a la ribera del río.

Senda fluvial del río Manzanares.

Panel ilustrativo de la senda fluvial.

Una vez cruzado, el puente de los Capuchinos, da inicio la senda de la ribera del río Manzanares.

Aquí da comienzo, el tramo circular de la ruta, ya que se puede ir hacia el embalse del Pardo por ambos lados, bordeando el río Manzanares.

Cruzando el puente de los capuchinos, se prosigue la ruta por una senda, paralela al rio a lo largo de un recorrido increíble y sin palabras, bajo el tapiz de colores otoñales, que le otorga su gran riqueza vegetal de ribera. Entre álamos, sus grandes olmos, fresnos, sauces, un pequeño corredor natural, por donde la senda no solo se recorre, se escucha, se respira y termina quedándose a vivir dentro de nosotros mism@s. Su gran colorido otoñal, cuya luz esculpe el brillo de las hojas, los hongos pintan el suelo de colores humildes y a su vez misteriosos, en donde la naturaleza aun puede hablar con voz propia, convierte este paseo, en una experiencia más emocional y sensorial. Un punto de interés, es el Azud de el Pardo, un remanso del agua, que se ha modificado, para facilitar el paso y remonte de los peces.

Un claro se abre en la senda, con algunas mesas y bancos, que, a modo de área recreativa, invita al descanso, a respirar, a escuchar…Una alambrada separa el monte del pardo de la ribera, por donde es fácil observar algunos de sus ciervos y gamos, entre pastos y encinas.

Su gran estación, donde los ciervos braman con su voz ancestral en su cortejo a las hembras, la Berrea y donde los gamos roncan, en su propio celo otoñal.

La senda desciende, para acercarte a su cercana presa, entre su vegetación más mediterránea, donde también hay bosquetes de pinares, como el pino piñonero.

Inicio de la Senda Fluvial Puente de los Capuchinos - Embalse del Pardo -

Senda Fluvial Puente de los Capuchinos - Embalse del Pardo -


Senda Fluvial Puente de los Capuchinos - Embalse del Pardo -


Senda Fluvial Puente de los Capuchinos - Embalse del Pardo -


Senda Fluvial Puente de los Capuchinos - Embalse del Pardo -


El Azud del Pardo.

Senda Fluvial Puente de los Capuchinos - Embalse del Pardo - 


Punto de interés, para conocer el monte del Pardo y observar con paciencia a sus ciervos y gamos.

Sus Gamos.

Senda Fluvial Puente de los Capuchinos - Embalse del Pardo -

El Embalse del Pardo, el espejo inmóvil de un antiguo valle, fue construido en 1.970, para regular el río Manzanares, controlando posibles riadas e inundaciones.

Aquí termina la ruta, ahora es un desandar, cruzando por la pasarela metálica de Mingorrubio y retornar por la vertiente contraria hacia el puente de los Capuchinos y al aparcamiento de Somontes origen de la ruta.  Un tramo igual de atractivo, que te acerca nuevamente a su ribera, con tramos que invitan a la aventura por su senda mas cerrada, otros al silencio y contemplación por su camino principal, vayas por donde vayas, el paisaje te envuelve de su magia otoñal.

Embalse del Pardo.

Pasarela de Mingorrubio.

Tramo de la Senda Fluvial Embalse del Pardo - Aparcamiento de Somontes.

Senda Fluvial Embalse del Pardo - Aparcamiento de Somontes.


Senda Fluvial Embalse del Pardo - Aparcamiento de Somontes.


Senda Fluvial Embalse del Pardo - Aparcamiento de Somontes.


Senda Fluvial Embalse del Pardo - Aparcamiento de Somontes.


Senda Fluvial Embalse del Pardo - Aparcamiento de Somontes.


Senda Fluvial Embalse del Pardo - Aparcamiento de Somontes.


De nuevo en el Puente de los Capuchinos.

Senda Fluvial Embalse del Pardo - Aparcamiento de Somontes.


Senda Fluvial Embalse del Pardo - Aparcamiento de Somontes.

Una ruta ideal para tod@s, con su propio encanto, por que hay lugares que entran por los ojos…pero se quedan para siempre en el corazón. Imprescindible de conocerla, aunque solo sea una vez, en la vida.

- Mi anterior acercamiento a su senda fluvial, en el 2.020:

- La senda fluvial del río Manzanares y el Embalse del Pardo.

 - Video de la actividad, aquí:

- Senda fluvial del río Manzanares en otoño.